domingo, 1 de noviembre de 2026

Fotografía del mes (I). La taberna. Noviembre, 1971.

Casa Tomás, taberna del barrio de San Marcos, hoy desaparecida, en 1971 era frecuentada por los vecinos y parroquianos del barrio. La foto que hemos seleccionado corresponde a un mes de noviembre de hace cincuenta y cinco años; cuatro compadres pasan la tarde-noche compartiendo unos vinos en la taberna. Casa Tomás era un establecimiento muy pequeño con un escaso y pobre mobiliario. De hecho, detrás de los parroquianos, puede observarse el precario "baño", letrina más bien, obviamente sólo para hombres, que consistía en un mero rincón separado por una mínima puerta de medio cuerpo. Hoy sería impensable.

Desde luego, la precariedad de las antiguas tabernas de Sevilla no era óbice para que fueran frecuentadas a diario. El vino bueno y barato del Aljarafe, los botellines fresquitos de cerveza Cruzcampo, el vasito de anís o de coñac en las mañanas frías, y alguna que otra chacina o frutos secos para acompañarlos, bastaban para atraer a un público "devoto" de la conversación pausada con colegas y vecinos. En 1971 aún vivía Franco, España sufría una dictadura de más de treinta años, y las estrecheces económicas se hacían sentir en las familias de los barrios populares del centro de la ciudad. Pero la vida, poco a poco, empezaba a abrirse paso y la felicidad se colaba por las rendijas de la vida cotidiana en fiestas, bares, tabernas, celebraciones, amistades y relaciones familiares. Así que ahí tenemos a estos cuatro parroquianos -felices- posando para el fotógrafo aficionado después de una jornada de trabajo.

 


En la siguiente foto, es de apreciar que el suelo de las viejas tabernas sevillanas se barría poco, sólo de tarde en tarde, porque habitualmente estaba regado de serrín, esto es, de diminutas virutas de madera que se obtenían como residuo de las carpinterías que aún existían por el barrio. El serrín facilitaba que los clientes pudieran verter todo tipo de líquidos, cenizas o papeles al suelo sin ningún tipo de cuidado, lo que hoy en día sería visto como algo poco higiénico. De hecho, salvo la taberna de Casa Vizcaíno, y pocas más, el serrín ha desaparecido de ellas, siendo sustituido por las oportunas papeleras y por hábitos de higiene más "europeos", como el de los malditos tapones de plástico pegados a las botellas.

 


 
Pero, aún así, algunos echamos de menos lo confortables y acogedoras que resultaban aquellas tabernas de antaño. Unos establecimientos humildes, sin ínfulas, muy al contrario de las actuales franquicias y gastrobares que inundan la hostelería sevillana y que exigen una "etiqueta" idiota que, muchas veces, no se compadece ni con la calidad de lo que sirven ni con la "clavada" que sigue a continuación. 
 
En fin, hace más de cincuenta años éramos, seguro, más primitivos, quizás menos europeos, pero la comodidad y la familiaridad que brindaban aquellas tabernas de entonces perecieron, como la mayoría de ellas, en el "altar" de la estulticia, el dinero y el postureo. RIP.