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martes, 1 de septiembre de 2026

Fotografía del mes (I): Nuestra Señora de los Dolores. Mayo, 1972.

 

En mayo de 1972, el fotógrafo aficionado, hermano de la Hermandad de los Servitas de Sevilla, realiza un reportaje único de su titular, la Virgen de los Dolores, mostrando una imagen inusual desprovista de su atuendo habitual. Esta imagen, realizada por el escultor José Montes de Oca, conjuntamente con el Santísimo Cristo de la Providencia, conforman uno de las más prodigiosos conjuntos escultóricos del siglo XVIII sevillano, procesionando, desde 1972, a la Santa Iglesia Catedral en la tarde del Sábado Santo. 

Esta Piedad Servita fue tallada en 1730, en el que también figuraban San Juan Evangelista y Santa María Magdalena, si bien estos últimos no figuran en el bellísimo paso actual diseñado por Antonio Dubé de Luque en el siglo XX.

 

 


 

En la foto, Nuestra Señora de los Dolores se muestra sola, ataviada con un paño de encaje blanco y cruzando sus manos hacia arriba, resaltando así la belleza de su hechura y la maestría del imaginero. Una presentación muy íntima y diferente a la que muestra habitualmente en su altar de la capilla servita así como en su paso, como vemos en la foto siguiente.

 


 

Primera salida de la Piedad Servita como cofradía de penitencia el 1 de abril de 1972

 

domingo, 14 de junio de 2026

Fotografía del mes (II): el Corpus de 1972.

 

El 1 de junio de 1972 se celebra en Sevilla la tradicional procesión del Corpus Christi. La foto recoge el encuentro del paso de San Fernando ante el altar efímero levantado por la Hermandad de los Servitas dedicado a la Virgen de la Soledad. Obsérvese la sencillez del paso -casi una mesa con flores- de una procesión que no pasaba en aquellos años por sus mejores momentos. Es evidente que no todo tiempo pasado fue mejor, pese a que la memoria nos juegue, a veces, malas pasadas idealizando lo que no era autenticidad sino mera pobreza de ideas y de recursos.

 

 


 

No es que el Corpus sevillano haya mejorado mucho después de cincuenta años, pero la colaboración de las hermandades lo ha dignificado bastante. No obstante, continúa la precariedad de muchos de sus pasos -que siguen sin estar a la altura de una mínima excelencia-, y sigue sin solucionarse la desmesura de su extensión y duración, supeditada más a ser un acontecimiento social donde lucirse que a su verdadero significado litúrgico, lo que la convierte en una procesión insufrible para el público que aún va a contemplarla.

Ahora que no faltan tantos recursos como en aquel lejano 1972, sin embargo, siguen faltando ideas y voluntad para acometer una reforma en profundidad de la procesión del Corpus que le de una mejor imagen, una mayor calidad artística y un mejor sentido religioso. Pero la Sevilla Ensimismada -Consejo y Cabildo- seguirá enrocada en mantenerla así a pesar de todo.

Ni siquiera la evidencia de la multitud de personas que espera al traslado del Señor de la Sagrada Cena -una vez terminada la procesión- cuestiona los serios errores de planteamiento del Corpus sevillano. Y así seguiremos, lamentablemente.

 

miércoles, 1 de abril de 2026

Fotografía del mes (I). Lunes Santo de 1970.

 

Lunes Santo de 1970. Un joven nazareno de la Hermandad del Museo se dirige a su Capilla desde el barrio de San Marcos. El día es desapacible y amenaza lluvia. Quizás no salga la cofradía, pero el nazareno no abandona la ilusión de realizar la estación de penitencia acompañando a su preciosa Virgen de las Aguas.

La foto nos muestra la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores de la Hermandad Servita que estaba en proceso de rehabilitación por su mal estado de conservación. Como la Sevilla de los años 70 que estaba muy necesitada de reconstrucción, sobre todo en los barrios populares de su centro histórico.

 

 

 

Desde la Plaza de Santa Isabel se observa el deterioro de la techumbre y de las humedades que aquejaban seriamente a la capilla servita. El nazareno de capa enfila la calle Santa Paula -hoy Siete Dolores- camino de la Plaza de San Marcos. No vemos a nadie más. Era una Semana Santa muy diferente a la actual aunque tenía su propio encanto a pesar de no estar de moda como ahora.

La foto transmite la soledad e incertidumbre de un joven nazareno y de la propia ciudad ante un tiempo incierto, pero también la ilusión y la Esperanza por un futuro mejor.


domingo, 15 de marzo de 2026

Fotografía del mes (II). Salida de la Piedad Servita, 1968.

 

31 de marzo de 1968, domingo de pregón, el paso de la Piedad Servita sale por las calles del barrio de San Marcos cuando aún no es cofradía de penitencia. El paso es prestado por la Hermandad de la Virgen del Carmen de Santa Catalina. Aún no lleva cruz ni sudario, pero la Virgen de los Dolores y el Cristo de la Providencia, imágenes del x. XVIII talladas por Montes de Oca, componen un sublime conjunto incluso en los momentos iniciales de una hermandad que trata de recuperar una devoción perdida durante décadas.

El fotógrafo aficionado toma la foto desde el balcón que está frente a la puerta de la Capilla Servita. El encuadre es original y nos muestra, además, a los devotos y hermanos que contemplan la salida desde dentro del templo.


 


 


 

En esta otra toma de la salida observamos mejor la humildad del paso si lo comparamos con el actual. En poco más de 50 años, la Hermandad Servita ha conformado una corporación y una cofradía con un alto grado de excelencia en todos sus enseres y manifestaciones religiosas.

 


 

Finalmente, don Pedro Braña dirige la Banda Sinfónica Municipal que acompaña al paso de la Piedad Servita.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

Fotografía del mes (I). Servitas: 50 años de la primera cuadrilla de hermanos costaleros. 1976.

 

En 1973 se formó en Sevilla la primera cuadrilla de hermanos costaleros en la Hermandad de los Estudiantes. Tres años después, en 1976, la Hermandad de los Servitas decidió sumarse al movimiento imparable de los hermanos costaleros ante la crisis sufrida en años anteriores con las llamadas cuadrillas profesionales. Se cumplirán, pues, esta próxima Semana Santa, cincuenta años de la creación de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de la Hermandad Servita.

Capitaneado por el recordado capataz Máximo Castaño, un nutrido grupo de jóvenes hermanos servitas ensayaron durante todo el invierno para preparar la salida de su cofradía. Aquí los vemos posando frente el fotógrafo aficionado, justo delante del paso de la Piedad Servita, el Sábado Santo de 1976, minutos antes de su salida procesional.

 


 

Lamentablemente, las inclemencias del tiempo impidieron ese año la salida de la cofradía, frustrando así los anhelos y la ilusión de este grupo de jóvenes. En la foto de abajo, tomada en el patio interior de la Casa de Hermandad anexa a la Capilla, situada en la Plaza de Santa Isabel, observamos la tensa espera de penitentes, nazarenos y costaleros ante la incertidumbre de una salida que, finalmente, no se produjo.

 

 


domingo, 15 de febrero de 2026

Fotografía del mes (II). El orgullo de un barrio. 1972.

 

Es bien sabido que las hermandades y cofradías de Sevilla están íntimamente imbricadas en el tejido social, de tal forma que los barrios fundan hermandades y cofradías y estas consolidan la cohesión y el sentido de pertenencia a aquellos. De este modo, las cofradías expresan el carácter de cada barrio y, a la vez, son muestra fehaciente del orgullo que suponen para sus vecinos. Por eso, hemos titulado esta foto como el orgullo de un barrio

En este caso, del barrio de San Marcos, situado en el centro histórico de Sevilla, en el eje que va desde la Iglesia de Santa Catalina hasta la de San Gil en la Macarena. Una zona muy castigada -durante y después de la Guerra Civil española- porque en ella se concentró la mayor resistencia de las tropas republicanas ante el rápido avance del general nacional Queipo de Llano. La turba quemó prácticamente todas las iglesias y sus enseres y las tropas nacionales arrasaron con estos barrios. Una sinrazón cruel.

En los años sesenta y setenta del siglo pasado estos barrios empezaron a recuperarse y su población -mucha de ella llegada de los pueblos de la provincia- comenzó a regenerar la vida ciudadana, eso sí, pasando muchas calamidades y estrecheces.

  



En la foto, tomada a principios de los setenta, en 1972, un grupo de niños rodea a un vecinillo que va a salir de nazareno en la cofradía del barrio, la Hermandad de los Servitas, recuperada pocos años antes por un grupo de voluntariosos hermanos y cofrades. Es Sábado Santo y la cofradía servita está a punto de salir por primera vez como hermandad de penitencia para ir a la Santa Iglesia Catedral. La fotografía muestra no sólo el orgullo intangible de un barrio sino también el futuro de tantos niños y niñas que consolidarán, años después, una de las cofrafías más señeras y elegantes de la actual Semana Santa de Sevilla.




Aquí vemos su único y primitivo paso por aquellos años, el de la Piedad Servita. Posteriormente, en 1981, añadiría el de la Virgen de la Soledad bajo palio. Una foto icónica del fotógrafo aficionado, donde la Virgen de los Dolores y el Cristo de la Providencia, grupo escultórico de Montes de Oca, se encuentran enmarcados bajo la inconfudible torre de la Parroquia de San Marcos.

Quizás pueda parece un hecho casual, pero resulta conmovedor pensar que, después de la tragedia sufrida, el barrio de San Marcos adopte como propia una hermandad de negro, seria y fúnebre, tal vez en mudo homenaje a los muchos que cayeron muertos sobre sus calles e iglesias en esos fatídicos días iniciales de la Guerra Civil Española.

 

viernes, 8 de agosto de 2025

Fotografía del mes: Cruz de Guía. Noviembre de 1967.

 

Empezamos una nueva sección mensual dedicada a realizar comentarios de algunas fotos del fotógrafo aficionado con el fin de facilitar una mirada más reposada del pasado. Una mirada hacia atrás, sí, pero no con la intención de evocar nostalgia sino, justo al contrario, para hilar reflexiones sobre el presente y el futuro. Para mirar hacia delante.

Comenzamos con una foto correspondiente al año 1967.

 

 

Sevilla. Noviembre de 1967. Cruz de Guía de la procesión de gloria de la Virgen de la Soledad de la Hermandad de los Servitas adentrándose por la calle Enladrillada del barrio de San Román.

 

En aquel invierno de 1967 aún gobernaba Franco en España. Era oscuro invierno en todo el país. Por entonces, las calles del centro histórico de Sevilla aún no gozaban de buena iluminación. Quizás, por eso, mis recuerdos infantiles de aquellos inviernos suelen estar teñidos de oscuridad, humedad y frio; de charcos, adoquines y solares de tierra y jaramagos. Pero también recuerdo jugar a las bolas o a la lima en la tierra húmeda de los arriates de la Plaza de Santa Isabel, o al fútbol en la calle Vergara; de las rodillas siempre desolladas (malditos pantalones cortos), del olor de los impermeables de plástico azul plomizo que se vendían en la calle Cuna, de los zapatos Gorila de los Almacenes Lirola -con su pelota verde de regalo-, de las botas negras de goma para los días lluviosos, de los calcetines mojados a pesar de ellas y de comer los picatostes calentitos espolvoreados con azúcar y canela que hacía mi madre -los dos arrimados a la copa de cisco picón que se escondía bajo las faldas de la mesa camilla-; de las tardes haciendo los deberes mientras ella cosía escuchando la novela de la radio... En fin, aún con todo el frío y lo que llovía fuera, éramos felices o creíamos serlo, pese a las estrecheces; no sólo de estrecheces de calles como la de la foto, sino, sobre todo, económicas y sociales.

Hoy muchos temen una Semana Santa con poca gente en las calles, como nos muestra la foto elegida, y hacen todo lo posible por agrandarla, que no engrandecerla. Pero, a nosotros, niños de entonces, no nos importa porque ya la vivimos así en las décadas de los cincuenta y sesenta y setenta del siglo pasado; y la disfrutamos, por cierto. De ahí que, muchos, quizá los más viejos, no tengamos ningún miedo sino una resignada desazón justo por lo contrario, es decir, por la actual masificación y turistificación que sufre; por una Semana Santa concebida como parque temático, vendida al mejor postor y con graves pérdidas de lo que creo es su genuina significación religiosa, espiritual, identitaria y artística. Para los que nacimos en aquellos años, la Semana Santa es más una celebración personal e íntima que se vive en familia y rodeado de amigos y de gente, antes que un espectáculo mediático o de masas; sostenemos aún una visión provinciana, si lo quieren, pero, probablemente, más próxima a sus raíces y al sentido de la medida que toda celebración popular debe tener so pena de desnaturalizarse, mutar sin sentido y convertirse en algo incómodo e indeseable. La cantidad, en estos casos, suele ser enemiga de la calidad y de la excelencia. No hay más que ver en qué se ha convertido la TV para los que nacimos sin pantallas en nuestras casas.

Ahora se justifica cualquier salida procesional por su dimensión evangelizadora pero, sinceramente, parece cada vez más una excusa oportuna para alimentar el espectáculo o la propia vanidad (estrenos, bandas, flores, número de nazarenos...). Todo en demasía, incluso las lentejas, acaba hartando y perdiendo sabor. Oler demasiados perfumes seguidos acaba por anular el sentido del olfato. Antes que todo, cualquier salida cofrade debe ser más la afirmación del sentimiento de "hermandad", del sentido de pertenencia y ayuda mutua, de una comunión de hermanos y devotos, que un intento de convertir a los "gentiles" a una fe que, muchas veces, se agota en la propia cofradía, en el propio barrio, en la propia banda, en un consumo hueco de usar y tirar.

También es verdad que aquella Semana Santa tenía problemas, pero de otro tipo: oscurantismo, ignorancia, caciquismo, escasez de medios, mojigatería o hipocresía, entre otros. No todo pasado fue siempre mejor pero, algunos aspectos sí que lo eran, y sería afortunado poder recuperarlos. Aunque no tengamos mucha esperanza en ello, lamentablemente, porque vamos deprisa a no se sabe dónde.

Volviendo a la foto seleccionada, a finales de noviembre de 1967, haciendo honor a su advocación, la Soledad Servita iba casi sola bajo la fría y húmeda noche sevillana. Pero iba rodeada de sus hermanos, devotos y vecinos del barrio. Los faroles de la cruz de guía iluminaban tenuemente la estrecha calle a oscuras. El cortejo de la cofradía estaba compuesto, mayoritariamente, por los niños del barrio. La foto nos conmueve por su extrema sencillez y humildad; porque esos pocos "locos" que eran capaces de sacar un paso de gloria a finales de noviembre en un barrio de Sevilla, con la mayoría de los enseres prestados por otras hermandades y sin intención de movilizar a las masas ni de vanagloriarse de sus posesiones, guardaban como oro en paño el fuego esencial capaz de alumbrar, casi sesenta años después, a una hermandad señera del barrio de San Marcos, como es la hermandad de los Servitas. Esa es la llama, el fuego y el sentido que no debería perder jamás la Semana Santa de Sevilla, aunque desaparecieran la mitad de los espectadores actuales; porque cuando uno no sabe adónde va, ni con quién va, siempre acaba perdido sin remedio.



viernes, 27 de junio de 2025

Epílogo II. Las dos fotos del final de una vida. Primavera, 1991.

 

En el extenso archivo de negativos fotográficos de Pío R. Lledó, que comprende desde el año 1967 hasta principios de 1991 -más de 4.000, de los cuales unos 3.000 se han seleccionado para las casi 300 entradas que componen este blog-, dos fotos señalan el final de una afición, el final del fotógrafo aficionado, el final de una vida. 

La primera, la de su queridísima Virgen de las Aguas de la Hermandad del Museo. Su primera hermandad, su primera devoción, en cuyo paso llegó a salir de maniguetero para cambiar ese codiciado puesto por el de "pavero" -nazareno que va al cuidado de los pequeños monaguillos (pavos) que acompañan a la Virgen delante del paso- con el fin de estar con su hijo. Sin duda, uno de los más bonitos actos de amor y generosidad que tuvo a lo largo de su vida. Lo que motivó que ese pequeño monaguillo heredara su devoción por la Semana Santa de Sevilla en general, y por la Virgen de las Aguas y el Cristo de la Expiración, en particular.

 

 


 

La segunda, la Piedad Servita, la de Nuestra Señora de los Dolores y el Cristo de la Providencia, la foto de los titulares de la hermandad de su barrio de San Marcos, su otra devoción cofrade. Una hermandad, la de los Servitas, a la que acompañó desde su inicios hasta el fin de su vida, ya lejos del barrio, y de la que documentó, como hemos ido mostrando a lo largo de este blog, los primeros años de su existencia como cofradía. 

Pero, en este caso, la Piedad Servita simboliza, para el fotógrafo aficionado, el amor no sólo por su hermandad sino, también, el amor por su barrio, por sus vecinos, por sus amigos, por sus fiestas, por sus bares y tabernas, por la vida cotidiana que impregna y vivifica toda su producción fotográfica: la Sevilla de Pío Lledó, la de los barrios populares del centro histórico -San Marcos, San Julián, Santa Catalina, Santa Marina, San Gil...- la Sevilla de los años sesenta y setenta, una memoria gráfica que va de lo particular a lo general, de lo pequeño y humilde a lo más grande y eterno, una vida que queda así fijada y transmitida a las generaciones futuras por un simple fotógrafo aficionado, para que nunca la/o olvidemos.

Otro gran acto de amor y generosidad del que, seguramente, el fotógrafo aficionado nunca fue plenamente consciente a lo largo de su vida.


 


 

 

jueves, 26 de junio de 2025

miércoles, 25 de junio de 2025

Mejores fotos de 1975 (I).

 

Realizamos a continuación una selección de las mejores fotos tomadas durante el año 1975, justo hace cincuenta años.