jueves, 23 de febrero de 2023

El hogar familiar en 1969.

 

En 1969, la televisión se había afianzado como aparato estrella en muchas familias, si bien grandes capas de la población aún carecía de ella. Pasó, así, a ocupar un lugar central en la vida cotidiana y en las casas de los afortunados que podían adquirirlas. Aunque, curiosamente, algunos "expertos" predecían entonces que en España no iba a tener gran éxito. Enrique de las Casas, director que fue de la primera cadena de TV -sólo había dos, o más bien, una y media-, argumentaba en 1959 que "el pueblo español no parece ser un consumidor nato de TV. Ni el clima, ni el estilo de vida, ni las cualidades imaginativas de la gran masa española parecen hacer de ella un buen cliente para la TV". Sin palabras. 

Vean cómo se disponía, en el pequeño salón, el sitio privilegiado del artefacto, eso sí, convenientemente adornado. Ni que decir tiene que la tele se mantenía encendida ininterrumpidamente hasta que salía la "carta de ajuste" al final del día. ¡Qué tiempos!

 


Por otro lado, tampoco faltaban las "enciclopedias" y algunos libros de lectura en aquellas familias que, aunque humildes, ansiaban ofrecer una buena educación a los hijos, confiando en que tuvieran mejor formación y mayores oportunidades laborales que sus padres. La educación, aún era en aquellos años, un importante ascensor social para muchos jóvenes.

 


Los hogares del barrio de San Marcos de estos años solían disponer de habitaciones pequeñas donde se acumulaban muebles y objetos diversos, multiplicados por grandes espejos que ampliaban los pequeños salones. Como ven, nada que ver ni con el minimalismo ni con la austeridad. Los sevillanos y el horror vacui propio de la estética barroca.

 

 

Y era habitual que convivieran bajo el mismo techo tres generaciones: abuelas, madres y nietas.








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