Es bien sabido que las hermandades y cofradías de Sevilla están íntimamente imbricadas en el tejido social, de tal forma que los barrios fundan hermandades y cofradías y estas consolidan la cohesión y el sentido de pertenencia a aquellos. De este modo, las cofradías expresan el carácter de cada barrio y, a la vez, son muestra fehaciente del orgullo que suponen para sus vecinos. Por eso, hemos titulado esta foto como el orgullo de un barrio.
En este caso, del barrio de San Marcos, situado en el centro histórico de Sevilla, en el eje que va desde la Iglesia de Santa Catalina hasta la de San Gil en la Macarena. Una zona muy castigada -durante y después de la Guerra Civil española- porque en ella se concentró la mayor resistencia de las tropas republicanas ante el rápido avance del general nacional Queipo de Llano. La turba quemó prácticamente todas las iglesias y sus enseres y las tropas nacionales arrasaron con estos barrios. Una sinrazón cruel.
En los años sesenta y setenta del siglo pasado estos barrios empezaron a recuperarse y su población -mucha de ella llegada de los pueblos de la provincia- comenzó a regenerar la vida ciudadana, eso sí, pasando muchas calamidades y estrecheces.
En la foto, tomada a principios de los setenta, en 1972, un grupo de niños rodea a un vecinillo que va a salir de nazareno en la cofradía del barrio, la Hermandad de los Servitas, recuperada pocos años antes por un grupo de voluntariosos hermanos y cofrades. Es Sábado Santo y la cofradía servita está a punto de salir por primera vez como hermandad de penitencia para ir a la Santa Iglesia Catedral. La fotografía muestra no sólo el orgullo intangible de un barrio sino también el futuro de tantos niños y niñas que consolidarán, años después, una de las cofrafías más señeras y elegantes de la actual Semana Santa de Sevilla.
Aquí vemos su único y primitivo paso por aquellos años, el de la Piedad Servita. Posteriormente, en 1981, añadiría el de la Virgen de la Soledad bajo palio. Una foto icónica del fotógrafo aficionado, donde la Virgen de los Dolores y el Cristo de la Providencia, grupo escultórico de Montes de Oca, se encuentran enmarcados bajo la inconfudible torre de la Parroquia de San Marcos.
Quizás pueda parece un hecho casual, pero resulta conmovedor pensar que, después de la tragedia sufrida, el barrio de San Marcos adopte como propia una hermandad de negro, seria y fúnebre, tal vez en mudo homenaje a los muchos que cayeron muertos sobre sus calles e iglesias en esos fatídicos días iniciales de la Guerra Civil Española.
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