miércoles, 14 de enero de 2026

Fotografía del mes (II). El "Armao", abril de 1973.

 

Semana Santa de 1973, Jueves Santo por la tarde, un "armao" de la Macarena pasa a "saludar" a sus amigos de la taberna Casa Luis situada en la calle Vergara, en el barrio de San Marcos. Suponemos que lo hace antes de dirigirse a la Basílica para comenzar el pasacalles, -rancataplán, que inmortalizó el gran Antonio Burgos- que llevará a la Centuria Romana Macarena por las calles de Sevilla hasta llegar al templo donde reside el Señor de Sevilla, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, para rendirle honores. Una visita que será seguida por muchos sevillanos que esperan con ilusión vivir de nuevo la Madrugada más hermosa.

Por supuesto, eran otros tiempos. Armaos y nazarenos acudían, en ocasiones, a los bares y tabernas como en aquellas estampas costumbristas que nos dejaron Martínez de León o García Ramos, hoy prácticamente erradicadas. Quizás hayamos ganado en seriedad pero, sin duda, hemos perdido en espontaneidad y expresión popular. Unas madrugadas de antaño que añoramos muchos de los que las vivimos de niños o de jóvenes; sobre todo si las comparamos con las de ahora plagadas de problemas: incomodidad, inseguridad y faltas de respeto. Desde aquellas "carreritas" del año 2000 se ha venido produciendo una desbandada de sevillanos que prefieren verla en sus casas por televisión o salir ya de mañana para ver las cofradías recogerse. Nada que ver con las madrugadas del siglo XX.

 


En la foto del fotógrafo aficionado, el "armao" presta sus "armas" honoríficas para que sean portadas por los "parroquianos" de la taberna. Escudo y lanza plateados muestran que la Centuria Macarena no es una exaltación bélica sino una manifestación popular del amor que sienten los macarenos por sus sagrados titulares, el Cristo de la Sentencia, al que escoltan cada madrugada, y su Santísima Madre, la Virgen de la Esperanza. No amenazan a nadie, no dan miedo, solo tocan música cofrade y desfilan con donosura por las calles sevillanas repartiendo ilusiones, alegría y orgullo de barrio. Expresan así la unión incondicional del pueblo con su Hermandad de la Macarena, y lo celebran a su modo, compartiendo vinos, charla y afectos. Todos se sienten honrados con su presencia y el "armao" disfruta de su condición privilegiada por acompañar al paso de la "Sentencia" hasta que el día amanezca de nuevo y la cofradía regrese a su templo rayando el mediodía del Viernes Santo. Un honor y un lujo que pasarán de padres a hijos.


jueves, 1 de enero de 2026

Fotografía del mes (I). Nochevieja de 1973.

 

La primera fotografía que hemos seleccionado para este mes de enero del nuevo año de 2026 procede justo de aquel lejano mes de enero de 1973. Es Nochevieja y se está celebrando en el pequeño salón de la casa. Un piso pequeño del barrio de San Marcos, como la mayoría de las viviendas de entonces. Tras una hilera de botellas vacías una pareja de mujeres, jóvenes madres de familia, bailan juntas para celebrar la venida del nuevo año con alegría y esperanza. 

Esta entrañable instantánea del fotógrafo aficionado nos sumerge en un tiempo que se fue. Un tiempo de papeles pintados en las paredes, decoración popular barata y un aparato de televisión presidiendo la estancia, siempre conectado a la única cadena existente, la de Televisión Española. Franco aún vivía, la dictadura agotaba sus años finales aunque nadie lo podía adivinar entonces. Pero, como ven, a pesar de todo, la alegría va por barrios, y en el de San Marcos se festejaba el nuevo año para convocar los buenos augurios.

 

 


Dos mujeres bailando juntas, sin hombres que las importunen, era una estampa muy habitual en las fiestas populares de entonces. Nadie se sorprendía ni se escandalizaba por eso. No había segundas lecturas aviesas, simplemente cuando no se contaba con hombres dispuestos las mujeres no se resignaban a quedarse sentadas. El reloj marca la una menos veinte de la madrugada y el programa de fin de año de la tele, como todos los años de nuestra infancia, pone música al baile y fondo a la alegría compartida. La estrechez del pequeño salón no lo impide, sino que lo acoge con mayor intimidad. Ya se han tomado las uvas entre risas, se ha comido y se ha bebido -pequeños bocadillos, chacina, botellines de Cruzcampo, cocacolas- y, una vez apartada la mesa de camilla, se hace sitio para el baile y las risas. 



Otros, sin embargo, permanecerán sentados, acaso los más jóvenes, en animada conversación. Se cruzan conversaciones y miradas en un ambiente simpatico y confiado. Nacen nuevas relaciones y se intercambian revelaciones al amparo de la noche y del ruido. Es un nuevo año. Se espera lo mejor aunque la realidad siga siendo la misma una vez que amanezca. Nadie va emperifollado, nadie va vestido de mamarracho, es una fiesta popular de barrio sevillano de hace cincuenta y tres años, de familias y de vecinos; nadie aparenta lo que no es, todos se conocen, todos se sienten unidos, al menos por un rato.

Es Nochevieja en San Marcos. Acaba de empezar el año 1973 y todos esperan que el futuro sea mejor para todos. Y por esta noche, todos lo viven como si lo fuera.

Nosotros, ante este año 2026 que hoy comienza haremos lo mismo y les felicitaremos el nuevo año para desearles que sea mejor que el año pasado. Es un tiempo de ESPERANZA y ALEGRÍA. No lo estropeemos.